"Los hay que se
envejecen, afloran recuerdos muy lejanos como si fuera ayer, me veo como en
brazos de mi madre y siento aún los tiernos comentarios de mi padre. Comidas de
domingos en familia, las ganas de un deseo irracional, primeros pasos, risas y
dolores. La primera gota blanca, qué impresión y qué placer extraño y un
enamoramiento sin sentido, por ley natural a aquella edad, primer acorde en un
órgano de iglesia en la sacristía y un dogmático respeto hacia las
instituciones. ¿qué cosa quedará de mi, del tránsito terrenal, de todas las
impresiones que tengo en esta vida?
Me gusta el
pensamiento radical, la muerte muy consciente que se autoimpuso Sócrates, y la
desaparición misteriosa y única del Majorana. La vida cínica e interesante de
Landolfi, opuesto pero cerca de un monje birmano, o la misantropía celeste de Benedetti Michelangeli.
Yo también
mirándome, vivo desde milenios y vengo recto de la alta cultura de los
sumerios, del arte cuneiforme del escriba y siempre duermo dentro de un saco
porque no quiero perder el contacto con la tierra.
El valle entre
los ríos de Mesopotamia que vio en sus orillas a Isaac de Nínive.
¿Qué cosa quedará
de mí, del tránsito terrenal, de todas las impresiones que tengo en esta vida?"